Images
Images

Colección
SUPÉRATE Y TRIUNFA

© Rafael Gómez Gamboa
© JORGE A. MESTAS EDICIONES, S.L.
Avda. de Guadalix, 103
28120 Algete, Madrid
Tel. 91 886 43 80
Fax: 91 886 47 19
E-mail: info@mestasediciones.com
www.mestasediciones.com

https://www.facebook.com/EdicionesMestas
https://twitter.com/MestasEdiciones

Imagen de portada bajo licencia Shutterstock
Autor portada: Lightspring

Director de colección: Raül Pere

Reservados todos los derechos. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por ley.

e-ISBN : 9788416775996

© 2017, edición digital Primento y Mestas ediciones

Este libro fue realizado por Primento, el socio digital de los editores

AGRADECIMIENTOS

Estoy muy agradecido de poder compartir esta experiencia escrita. Algo que no habría sido posible sin la confianza depositada por Mestas Ediciones, y especialmente por Raül que apostó por el proyecto desde el principio e hizo el hueco en la agenda para convertirlo en realidad.

Para continuar quiero dar las gracias a mi familia, amigos y compañeros de Ràdio Sant Vicenç 90.2 fm.

También un especial agradecimiento para todos los oyentes y lectores que se reúnen entre las ondas hertzianas o párrafos para compartir sus emociones.

INTRODUCCIÓN

A nuestro cerebro le encanta no pensar, le fascina actuar mediante el piloto automático. Realmente no sabe distinguir entre las buenas y las malas decisiones. La secuencia del cerebro humano es primero crear un pensamiento y luego a través de éste generar una emoción. La regla es sencilla: si nos sentimos mal es porque hemos emitido un mal juicio. El origen de todo está en los pensamientos que albergamos. Si queremos sentirnos de otra manera, tenemos que propulsar otro método de reflexión. Etimológicamente, el término emoción viene del latín emotĭo, que significa «movimiento o impulso» y es una invitación a la acción. La acción es lo que verdaderamente evoluciona radicalmente nuestra vida, ocasionando una transformación en el medio y largo plazo. Una acción puntual no transforma una vida pero una acción reiterada el tiempo suficiente sostiene el hábito que sí lo permite.

Pensamiento, emoción, acción y hábito. Elegimos hábito en lugar de rutina. La rutina son acciones repetidas sin intención o propósito alguno, mientras que el hábito viene impulsado por una elección consciente de alcanzar un objetivo determinado. Estos hábitos son los que gestan resultados. A veces nos topamos con ciertos desenlaces en nuestra vida y alucinamos. No entendemos que fueron producto de la causa y su efecto. Una concatenación de eventos que proviene de un pensamiento inicial. Cambiar de pensamiento genera una permuta en los hábitos que inciden directamente en la transformación del comportamiento.

Encuentro a menudo que la mayoría de gente se siente frustrada tras la lectura del libro El secreto porque no observan para sus vidas los estupendos resultados que se allí se auguran. No seré yo precisamente quien defienda la eficacia de su contenido, aunque sí puedo asegurar que lo que propone la obra es simplemente el primer eslabón de la cadena. Repetir mentalmente un pensamiento pero seguir viendo las desgracias que anuncian los telenoticias, trabajar en un empleo que no nos agrada o mantener una relación de pareja con una persona que no nos llena nos impide penetrar en la fase de la emoción. La fase del verdadero movimiento.

Así que lo mejor que podemos hacer es no pelearnos con nuestro cerebro, sino suministrarle hábitos disfrazados de una nueva rutina que sea capaz de repetir y que dirija a nuestra vida hacia aquello que hemos elegido conscientemente. La idea es que nuestra costumbre diaria tome las decisiones por nosotros porque cuando somos nosotros los que tomamos decisiones al margen de las causas, solemos alejarnos del equilibrio deseado. Recuerda que aquello que tenemos integrado fluye naturalmente, en cambio aquello que no lo está nos supone un esfuerzo que obstruye el bienestar.

Cuando en 2009 aterricé en la radio no podía imaginar el camino que se iba a labrar bajo mis pies desde ese preciso momento en adelante. Años después me sigo sintiendo orgulloso de presentar y dirigir dos programas con una esencia altamente singular: 10contra1 y Fitness mental.

Si bien 10contra1 surgió de la necesidad de dar voz a específicas inquietudes culturales, Fitness mental nació con la vocación de encontrar respuestas, y sobre todo preguntas, que puedan establecer un antes y un después en la filosofía de vida de cada uno de sus oyentes. Este libro que sostienes ahora en tus manos forma parte de este proyecto. Aquí encontrarás material que no he emitido y que surge de las diferentes charlas off the record con los profesionales que me ayudan a tirar del carro semanalmente.

Si has escuchado alguno de mis programas o leído alguno de mis libros sabrás que mi tendencia natural es tratar los temas de una manera llana y sencilla, con un lenguaje familiar. Lejos de tecnicismos que únicamente sirven para un lucimiento innecesario del autor. Siempre me baso en la creencia de que las cosas deben gustar o no gustar pero jamás resultar aburridas. Porque los gustos pueden variar pero el tedio es una cicatriz difícil de ocultar.

La mejor forma para enfrentarse a este libro es hacerlo con una actitud abierta. Soy consciente de que mi vocación cinéfila se proyecta en mis obras literarias, sean del calibre que sean, por lo que en esta guía vas a encontrar una estructura de lectura que trata de procurarte distracción e información a partes equivalentes:

Parte 1. Sobre un campo de minas:

Los problemas que se nos presentan a diario suponen atravesar un campo de minas. O sabemos sortearlos con suficiente inteligencia emocional o nos estallarán provocando todo tipo de destrozos. Dentro de estas pequeñas bombas cohabitan las que nos autoalojamos nosotros mismos en un irreflexivo acto de perjuicio y las que nos llegan a la hora de relacionarnos con otros.

Parte 2. Aplicando la asertividad:

Bernabé Tierno popularizó el término karate mental. Sin embargo creo, sin ánimo de corregir a un maestro como él, que sería más apropiado hablar de Aikido mental. El aikido es un arte marcial que busca la armonía espiritual. Dado que su técnica reside en defenderse empleando únicamente la fuerza del oponente y siempre manteniendo el espíritu pacífico de no hacer daño a ninguna de las partes.

Parte 3. El sargento de ego:

¿Te imaginas que esa vocecita negativa que tenemos incrustada en nuestra cabeza fuese en realidad un sargento tocapelotas con vocación de amargarnos la existencia? No te hará falta imaginarlo cuando descubras este capítulo...

Parte 4. Con perdón:

Si hay una herramienta definitiva que garantiza una estabilidad mental, esa es el empleo del perdón. Sus contrastados beneficios mejoran la salud física y emocional.

Los apartados de este libro están a tu disposición como un bufé libre para que puedas servirte en cualquier momento de aquel material que prefieras interiorizar o reforzar. Mi sugerencia es que leas el libro en varias ocasiones para que las ideas que aquí se expresan adquieran sentido a través de tu consciencia y te apetezca practicarlas. Nadie suele transformar su vida en un corto espacio de tiempo pero, con el compromiso necesario, el cambio se puede empezar a reflejar a las pocas semanas, mientras se recorre el camino que nos lleva hacia dónde queremos estar.

Dejo todo este material a tu alcance y recuerda que paralelamente puedes escuchar las emisiones de Fitness Mental que ejercen de complemento idóneo. Descúbrelas en www.radiosvh.info o en el canal del mismo nombre de la plataforma www.ivoox.com. Igualmente me puedes enviar cualquier comentario en 10contra1@santvidigital.cat o a través de @radiogamboa en Twitter.

¡Bienvenidos a una manera de entender los conflictos que nos permiten alcanzar la paz!

Parte 1

SOBRE UN CAMPO DE MINAS

EL LARGO ADIÓS HACIA LA MADUREZ DEL SER

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño.

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Las decisiones se toman en base a lo que sabes y a la madurez que tienes. Si no tienes ninguna de las dos, decidir es un salto al vacío.

José Luis Barradas Rodríguez

A todos nos gustaría contemplarnos como seres divinos repletos de bonanza. Acostarnos por la noche y felices abrir los ojos al amanecer como un producto completo, exento de complejos. Más aún en esta época que vivimos donde la paciencia escasea y nos hemos instaurado en una ética del usar y tirar; donde sin hacer ejercicio tiramos de bisturí para lucir un cuerpo de escándalo; donde sin trabajar la mente anhelamos poseer una inteligencia que ridiculice a nuestro vecino; donde pensamos que escuchar el consejo de un amigo secará nuestras lágrimas de tristeza para dar rienda suelta a una euforia infinita.

Lo cierto es que, como sabrás por tu propia experiencia, no hay atajos hacia la sensatez que aporta una sabiduría recaudada durante nuestro viaje hacia la veteranía. Hay algunas recomendaciones que sirven para ejercitar y desarrollar tu madurez de manera consciente.

Intensifica tu espiritualidad

La vida no es levantarse a las seis de la mañana y regresar a casa a las siete de la tarde, con el cuerpo reventado, después de una dura jornada laboral en la oficina, en la fábrica o en un comercio de turno que no te llena. No, eso no es vida ni se le asemeja. El universo no explosionó en un Big Bang de la leche para que millones de personas se dejen la piel para pagar agobiantes facturas por objetos que no necesitan. Eso es resultado de la adulterada educación moderna basada en la industrialización y en el «tanto tengo, tango valgo».

Hay quienes confunden espiritualidad con religión, pero son dos experiencias distintas que no tienen por qué ir cogidas de la mano. Ese es un terreno muy personal y cada cual decide si lo desea incorporar a su existencia o no. Yo únicamente te invito a reflexionar que hoy estás aquí pero dentro de cien años tu cuerpo estará criando malvas. Los problemas que hoy te afectan tanto, en menos de un siglo no serán recordados por nadie en todo el universo. El paso del tiempo no rema a favor nuestro precisamente, así que plantéate seriamente si la vida que estás llevando realmente te hace feliz.

Cuando somos niños no tenemos nada, dependemos de nuestros padres las veinticuatro horas. Sin embargo, disfrutamos de la vida con mayor intensidad y cada día es una nueva aventura por descubrir. Es una opción fantástica recuperar las ganas de sorprenderte con la vida, de sentir que tienes la gran oportunidad de estar en este mundo para exprimirlo y sacarle todo el jugo. Te sientes mejor cuando comprendes que eres algo más que la pieza sustituible de una empresa, que eres un ser con la capacidad de brillar con luz propia que ha venido aquí a aprender y a dejar una sociedad mejor a los próximos inquilinos. Hasta donde sabemos la muerte es el final de todo. O quizá el principio de todo. En algún momento cruzaremos el umbral y lo averiguaremos por nosotros mismos, mientras tanto trabaja tu espiritualidad para darle sentido a tu vida.

Ábrete a la vida

De niños gozamos de una inocencia que nos permite confiar en la vida de una manera abierta. Es el tiempo y los trompazos emocionales que recibimos lo que va erosionando nuestra ilusión. Lo que al principio nos causaba admiración más tarde nos provoca aburrimiento. Caemos en la creencia de que nada nos puede impresionar y por eso entramos en una especie de desidia como refugio para protegernos de otros posibles golpes. La consecuencia directa es que la sabiduría se mantiene a una distancia prudente. La contemplamos como una promesa inalcanzable en lugar de algo factible. Vamos por el mundo con miedo, pisando un suelo recién fregado de temores, dejando escapar muchas oportunidades de evolucionar como seres humanos. Sólo con enfocarnos en el presente con una mayor intensidad lograríamos cubrir las cimas que nos transportan hasta nuestra madurez.

Practica la humildad

Hoy día nos dejamos controlar por nuestro ego como si nos ofreciese la anhelada pastillita para ser más felices. Sin embargo, se produce el efecto contrario. Al ego le da igual tu felicidad, su lema es matar o morir. Sólo quiere sobrevivir en un planeta en el que únicamente contempla peligros, por tanto entrará en conflicto continuamente para no sentirse herido. El ego crea separatismo y en lugar de ver a la otra persona como un semejante lo considera un ser amenazante que altera su frágil vulnerabilidad.

Dejar tu vida en manos de tu ego es como darle a un mono dos pistolas y esperar atraer el equilibrio interior a balazos. Estamos demasiado pendientes de que el resto atienda nuestros caprichos antes que de servir nosotros al resto de la humanidad. Aporta tus virtudes sin esperar nada a cambio, puesto que es el altruismo desinteresado el camino más rápido para conectarse con uno mismo.

Identifica qué áreas de tu vida necesitas cambiar

No te tomes demasiado en serio. Los manicomios están repletos de personas que se creen Napoleón, Jesucristo o Hitler. Trata de identificar qué áreas de tu vida entregaste al ego y cuáles permanecen prisioneras bajo llave y quedaron estancadas. Qué áreas estás gestionando tú y cuáles están siendo gestionadas con el propósito de quedar bien con terceras personas. Cuando decides en función de conceder protagonismo al egoísmo, te niegas la propia evolución.

Acepta los problemas como parte de la vida

Aceptar no significa resignarse. Sufrimos percances que nos hacen cuestionarnos nuestros valores. No obstante, los problemas son pasajeros y es nuestra actitud la que permite que extraigamos una lección positiva de cualquier desgracia que nos ocurra. Esas aflicciones, que surgen en mayor o menor frecuencia, hay que tolerarlas con cierta benevolencia porque de alguna forma también pertenecen a la experiencia de vida, aún provengan del formato más fastidioso o desgarrador.

El mundo es un lugar donde todo avanza a una velocidad de vértigo. Desde la llegada de internet prácticamente cualquier gestión la ensamblamos a esta gigantesca red. El problema es que nos hemos adaptado a una forma de vida que choca frontalmente con el tiempo que necesitamos los seres humanos para crecer espiritualmente. En el ámbito espiritual las cosas no han mutado ni un ápice desde que lo primeros seres humanos poblaron su parcela del planeta. Aprender a coexistir en armonía con nosotros mismos y con nuestro entorno nos puede tomar –y vaya si nos tomará– la vida entera. El mundo espiritual no es una pizza que calientas en el microondas y en diez minutos la tienes lista para engullir. Es un compromiso por tiempo indefinido dedicado a la mejora continua, a ofrecer tus talentos al resto de personas y a involucrarte con tu entorno más inmediato. No hay pistas mágicas, es un acto en el que se ejercita la consciencia desde el presente pero construyendo tanto un pasado como un futuro coherente. Requiere responsabilidad, constancia, esfuerzo y disciplina. Por si esto fuera poco, en el camino nos podemos topar con ciertos obstáculos que dificultan la tarea:

Colocarse como eje de la vida

Si eres una persona egoísta, egocéntrica e incluso megalómana que sólo vives pendiente de ti para agradarte a ti mismo o que exclusivamente buscas tu propio placer y cualquier otra sensación que te haga sentir bien, estarás viviendo una mentira. Tienes que romper con eso. Una cosa es quererse a uno mismo y otra bien distinta considerarse el centro de gravedad imprescindible para que el globo gire con normalidad. Es algo que usualmente no se practica con deliberación y por tanto nos suele pasar de manera inadvertida. Bájate de cualquier pedestal en el que te hayas subido y tómate las cosas con calma.

Satisfacer los deseos materiales como Leitmotiv

Hay personas que desde que se levantan hasta que se acuestan únicamente se centran en complacer sus expectativas materiales. Un día quieren un coche mejor, al día siguiente necesitan una casa más grande, luego un empleo con mayor sueldo y empleados a su cargo, etc. Tiene lógica querer vivir con cierta comodidad pero no lo es convertir esos deseos en la franja que divide la victoria del fracaso. Brincamos como una rana de proyecto en proyecto, de idea en idea, de acción en acción para obtener un cuestionable reconocimiento público. El problema de este proceder es que cuanto más tienes más quieres porque la ambición es un pozo sin fondo. Es alimentar un monstruo que siempre está hambriento. Y ten la certeza que ostentar más estatus social o disponer de más dinero en tu cuenta bancaria no te convierte en mejor persona, ni te garantiza la felicidad.

Este sistema de funcionamiento te disfraza en una especie de drogadicto emocional, pendiente de que lo próximo que adquieras para engrosar tu vida sí que te hará feliz. Tú mismo habrás podido comprobar que esa sensación dura poco y tienes la necesidad de agarrarte a la siguiente con la esperanza de que la próxima vez, por fin, sí te sonreirá la diosa fortuna. Es un bombón envenenado que no cumple jamás tus expectativas.

Aplicar un calendario basado sólo en el entretenimiento

Es una derivación del punto anterior pero centrado en las actividades concretas. Por ejemplo, hay personas que necesitan ver sí o sí el último estreno proyectado en los cines. Incluso aunque no les guste la película. Sienten una extraña fijación por anunciar a bombo y platillo que han sido de los primeros en ver el pase o, en su defecto, descargarla de internet en versión pirata y en unas condiciones lamentables. Aquí podemos agrupar desde el vestir según las últimas tendencias que dicta la moda hasta escuchar el último disco de tal artista promocionado a golpe de talonario. ¿De verdad crees que actuar así te convierte en un ser tan excepcional que los historiadores se darán de bofetadas para escribir tu biografía? Suena a chiste: «Fulanito no aportó nada a la humanidad. Eso sí, combinaba los colores de sus camisas de fábula».

Dejarse engatusar por el enemigo interior

El ego tiene la habilidad de apartarte de un camino que verdaderamente tiene la posibilidad de hacerte vivir la experiencia de una existencia plena. El ego es el elemento que hace que muestres resentimiento, que critiques, que envidies... elementos que son negativos para equilibrar tus emociones. Cuanto menos le hagas caso, mejores sensaciones percibirás.

Burlarse de la información

Hay libros que por su contenido te pueden ayudar a la hora de conectar con tus valores. Sin embargo, hay personas que confunden espiritualidad con colgar una frase de Paulo Coelho en Facebook o Twitter. Y pueden hacernos creer que rozan la perfección cuando por la espalda no dejan escapar la oportunidad de menospreciar a su compañero de trabajo o criticar duramente a la jefa. Por supuesto, es preferible rodearse de pensamientos positivos que no encender la radio y escuchar noticias sobre muertes, corrupción política o demás escándalos pero de ahí a pensar que repetir cuatro frases filosóficas con los amiguetes del bar es ser espiritual hay un trecho importante. Practica la espiritualidad con la seriedad que merece.

CÓMO DECIDIR ENTRE DOS DISYUNTIVAS

Evitad las decisiones desesperadas; pasará el día más tenebroso si tenéis valor para vivir hasta el día siguiente.

William Cowper

El mundo entero se aparta cuando ve pasar a un hombre que sabe adónde va.

Antoine de Saint-Exupery

Hay ocasiones en las que nos encontramos justo en mitad de dos elecciones. Dos posibilidades diametralmente opuestas. Y tal debate nos ahoga por dentro. Es curioso que cuando se da el caso de que tenemos que escoger entre múltiples opciones, normalmente la ansiedad es menor. Permanecer entre los filos de dos espadas nos complica la tesitura porque cuando la decisión es decantarse por el blanco o por el negro de una realidad subjetiva puede acarrearnos un problema con serias repercusiones. Estar entre dos alternativas potenciales es un brete que nos impide rendir al máximo nivel mental. Lo reflexionamos veinte mil veces, lo consultamos con la almohada inclinándonos hacia una opción y cuando nos despertamos consideramos justo lo contrario. No es una posición nada fácil aunque sí una experiencia comúnmente compartida por el género humano.

Para decidir entre dos opciones que nos tienen entre la espada y la pared, podemos realizarnos preguntas claves. Porque no se trata de elegir A o elegir B, se trata de realizar un análisis profundo sobre aquello que tenemos entre manos. Cerrar estos interrogantes puede ser una tabla de salvación:

¿Cuál construye y cuál arrasa mi vida?

Normalmente, entre dos opciones enfrentadas, hay una que tiene una clara vocación de restaurar nuestra estabilidad mientras que la otra es como jugar a la ruleta rusa en un tugurio ilegal. Con una se nos concede el poder de reconducir nuestra vida y la otra puede acarrearnos consecuencias devastadoras.

¿Cuál está en coherencia conmigo?

Es probable que ya sepamos la que tenemos que elegir pero le damos demasiadas vueltas porque no nos atrevemos a dar el paso definitivo. Recuerda como te gusta vivir y pregúntate entonces si va en concordancia con tus valores. La opción que nos hace dudar se le parece mucho a la más acertada pero no tiene por qué ser. Sólo es una imitación de pacotilla. Por eso, debemos conocernos profundamente para que, aunque suene paradójico, no caigamos en nuestras propias trampas. No elijamos al tuntún.

¿Cuál le causa daño a alguien?

Intentaremos en la medida de lo posible no perjudicar a nadie con nuestras decisiones. No es correcto hacer pagar a otras personas facturas emocionales que no le corresponden. No hablo sólo de familiares o amistades, englobo cualquier término. Si la respuesta genera un conflicto absurdamente innecesario a otro individuo es una pista importante de que quizá esa pudiera no ser la mejor opción.

¿Cuál me lleva por mal camino?

Reflexiona seriamente sobre si esa decisión que tomas te hace descender por un terreno accidentado. Hay veces que parece que acertamos con un camino por lo que nos transmite pero al poco nos percatamos que, de haberlo pensado mínimamente, jamás habríamos optado por esa opción. A menudo en nuestra juventud tomamos decisiones alocadas, producto de nuestra inexperiencia. Con los años, reparamos en que no es tan fácil vivir el momento presente ya que siempre vamos lanzando miradas a cómo se desarrolló pasado. Esta retrospectiva de nuestra historia nos devuelve una emoción en forma de enseñanza y si la aceptamos, en el presente se edificará una proyección provechosa de cara al futuro.

¿Cuál me hace perder las cosas que más valoro?

Sin entrar en cuestiones de apego, es importante conservar las cosas con las que gozamos en la actualidad. Es cierto que el presente puede mezclarse con sentimientos encontrados de sufrimiento y tristeza o incluso puede no haber un pronóstico de futuro muy claro, sin embargo, meter la pata con una mala decisión nos puede hacer perder aquello que realmente amamos y dejarnos en una pésima situación. Hay cosas que tienen un valor incalculable que sólo descubrimos una vez y las vemos alejarse de nuestro lado.

No basta resolver un asunto trascendental con un «creo» o un «me parece». No podemos escuchar la opinión de un ser querido distinta a como nosotros la entendemos y seguidamente acusarle de que no nos apoya o que está en contra nuestra. En estos casos, deberíamos pararnos a reflexionar unos segundos para preguntarnos si la persona que está compartiendo su opinión verdaderamente quiere hacernos daño o si, por el contrario, quiere que veamos las cosas desde su posición. Y por supuesto, desde una cabeza más prudente. Por este motivo, hay que evitar una serie de obstáculos que nos entorpecen a la hora de disponer de una mente fría:

La cabezonería

La mente cerrada es un síntoma nefasto. Cuando nos obcecamos con una idea, no hay quién nos aparte de ella. Queremos tener la razón sí o sí y hacemos oídos sordos a las advertencias de los demás. Así como la tenacidad tiene un carácter positivo, la cerrazón sólo refleja características negativas. La obstinación es el egoísmo en estado puro. El propósito que hay detrás de nuestros actos es darle sentido a nuestra existencia. A veces olvidamos este propósito y cerramos los ojos con tal de no bajarnos del burro.

El orgullo

El orgullo es el resultado de colocar nuestro ego por encima de nuestros hombros. Echamos mano a los sentimientos de dolor y de injusticia para escudarnos en él. Quien más quien menos se ha visto difamado por alguien en alguna ocasión, ha recibido traiciones de compañeros que jamás habría imaginado o le han devuelto el cariño depositado con monedas manchadas por el rencor. Nuestra respuesta no debe ser el orgullo o la venganza, aunque se trate de situaciones sumamente desagradables. La mejor manera de debilitar al orgullo es no entrar al trapo. Lucir arrogancia nunca ha sido sinónimo de paz porque en una contienda de tales características todo el mundo sale escaldado. Cualquiera que sea el resultado final, esparce demasiadas víctimas por el campo de batalla. Escapa del endiosamiento. Es un asesor horrible.

El resentimiento

La palabra resentimiento se compone del prefijo «re» y el sustantivo «sentimiento». O sea, insistir reiteradamente en un sentimiento vivido, sólo que no tiene una connotación positiva, sino negativa. Nos indica que nos revolcamos, una y otra vez, en un instante de nuestro pasado que nos causó especial daño. Nos centramos en esa situación, visualizándola en bucle y sin querer salir de ella. El resentimiento es la cicatriz que guardamos tras una herida emocional. Hay hechos tristes que nos sobrevienen encima, dejándonos una sensibilidad muy grande y con los que quedamos padeciendo una larga temporada tras ese dolor. No obstante, debemos poner de nuestra parte para tratar de ir fortaleciendo esa cicatriz. Si cada vez que tenemos una nueva oportunidad de permitir el proceso de curación lo único que se nos ocurre es meter otra vez el dedo en la yaga, jamás sanaremos completamente. Tengo amistades que todavía siguen resentidas por algo que les ocurrió hace muchísimos años y te puedo asegurar que no las envidio lo más mínimo porque es un tipo de comportamiento que no conduce al sosiego. El resentimiento no resuelve nada y lo agrava todo. Cuanto antes aceptemos y olvidemos lo ocurrido antes aliviaremos nuestras heridas.

La venganza

La venganza es la respuesta agresiva para devolver un golpe que nos dolió especialmente. Lo peor de todo es que no es un acontecimiento que transmita alegría, sólo hace desear que esa persona se sienta tan mal como nos hizo sentir a nosotros. Hay que tener una personalidad de hierro para no sucumbir ante la tentación de aplicar la ley del talión –ojo por ojo, diente por diente– porque es muy tentadora, pero nuestra respuesta debería estar basada en la indiferencia. Ya se encargará el karma, el universo o quien puñetas asuma estas pugnas de resolver convenientemente estas cuestiones. La gente con sed de venganza suelen ser individuos débiles e inseguros que necesitan de ella reforzar su autoestima. En base a esta respuesta tomarán la opción más terrible que satisfaga sus codiciosos intereses.

La envidia

Dejarse adiestrar por esta emoción es muy triste. Refleja que nos sentimos por debajo de la otra persona y no soportamos verla feliz. Te comparas con ella y no entiendes porque mientras tú estás mal –que eres un cielo– la otra persona –que es el mismo diablo– disfruta de cosas que a ti no se te ofrecen. Esta es otra de esas probabilidades que anulan nuestros sentidos y nos hacen decantarnos por la peor opción de entre las que circulan en nuestro cerebro.

LA MÁSCARA DORADA

El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera.

Alexander Pope

El medio más fácil para ser engañado es creerse más listo que los demás.

François de La Rochefoucauld

Los seres humanos tenemos la fea costumbre de autoengañarnos desde prácticamente la más tierna infancia. Es una parte intrínseca de nuestros genes. Es una pauta que le ocurre a la panadera de tu barrio o al profesor de la escuela de tus hijos; los seres humanos tendemos a amoldarnos a este defecto. Podemos añadir que son una serie de argumentos interiores en los que se buscan diversas excusas de apoyo para justificar una actuación que probablemente entra en conflicto con nuestros valores habituales. ¿Cómo puedes saber si estás autoengañándote? Valora si te reconoces en los siguientes puntos descriptivos:

Adoptas un rol distinto en público